Educación e inclusión

Con mucho esfuerzo hemos ido pasando de un modelo de segregación a uno de INCLUSIÓN, en el que los principios son la normalización, igualdad y diversidad funcional.

En la intervención no nos centramos en la discapacidad sino en la PERSONA, dejando a un lado lo que no tienen y potenciar lo que tienen, partir de sus necesidades y darle los apoyos necesarios par conseguir los mismos objetivos y el disfrute que cualquier niño.

Hay que centrar el currículo en las COMPETENCIAS BASICAS y partir de las dimensiones de CALIDAD DE VIDA (CDV), partiendo de los factores personales y ambientales para favorecer la SATISFACCIÓN de la persona.

La metodológica debe basarse en el APOYO CONDUCTUAL POSITIVO, partiendo de un enfoque proactivo en el que se anticipa y se evita el problema de conducta, mediante aprendizaje sin error y el refuerzo positivo.

Si nos centramos en la programación, ésta debe elaborarse siempre en conjunto de las FAMILIAS, se debe crear un plan personal en base a mapas de relaciones, de lugares, actividades, refuerzos… Y lo más importante respecto a la evaluación es medir la satisfacción con los resultados personales y evaluar las dimensiones de calidad de vida: RELACIONES, INCLUSIÓN, DERECHOS, AUTODETERMINACIÓN, BIENESTAR FÍSICO, MATERIAL y EMOCIONAL, fomentando en todo momento el BIENESTAR Y DESARROLLO PERSONAL.

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